embarazo, Infertilidad

La primera eco y dos visitas a urgencias

Después de la beta positiva y la angustia por el valor inicial bajo, que finalmente se multiplicó correctamente, teníamos la primera ecografía de control el jueves 17 de agosto. Correspondía a la semana 6+0 de gestación y hay que decir que íbamos con miedo por si estaría todo bien, o por si se trataría de un caso de huevo huero, dado que Kroquetina no estaba experimentando entonces muchos síntomas de embarazo y la angustia dominaba (y aún domina) nuestras mentes.

Se ve que durante el mes de agosto los médicos de nuestra clínica que trabajan son los más jóvenes, los más mayores (con más experiencia) supongo que se aprovechan un poco y cogen agosto entero de vacaciones. La médica que hacía la ecografía era bastante joven. Después de examinar las imágenes del ecógrafo, nos dijo que se veía un embrión de 3 mm y la vesícula vitelina. Se podía oir el latido, con una frecuencia de 93 lpm. Esto preocupó a la médica, que llamó a otra doctora para que entrase en la sala y lo revisase. Me helé por dentro. Era la misma doctora que nos había hecho la eco de la semana 9 en en el embarazo anterior, así que la imagen de esta mujer me evoca inevitablemente el dolor y la pena de ese momento (aunque soy consciente que ella no tiene ninguna culpa, lógicamente).

La segunda doctora volvió a medir la frecuencia cardíaca del embrión (FCF) y le salió 94 lpm. Dijo que estaba bien, que estábamos muy al principio y que luego iría aumentando. Está todo bien, enhorabuena, nos felicitó. Pero la paranoia infértil es así, que incluso cuando la doctora te está diciendo que está todo bien, no sabes si lo puedes celebrar… si está bien ahora, pero quizá dentro de cinco minutos no estará bien.

Reconozco que me fui a casa preocupado por el ritmo cardíaco que detectaron al embrión ya que aparentemente por debajo de 100 lpm empeora el pronóstico. No obstante, también es cierto que, como dijo la doctora, estábamos muy al principio, y hay casos en los que en una ecografía de 6+0 no se llega a detectar latido, así que dentro de lo que cabe parecía que todo podía estar bien.

Posteriormente a la ecografía tuvimos una visita con un médico de reproducción asistida. No era nuestro médico de siempre, que se encontraba de vacaciones. Nos dijo que estaba todo muy bien, que por la fase en la que nos encontrábamos estaba todo correcto, y que lo que deberíamos hacer era programar otra ecografía para dentro de dos semanas. Nos dio algunos consejos sobre la vida a llevar a partir de ahora, no comer cosas crudas, no beber alcohol ni fumar (no bebemos alcohol ni fumamos normalmente, y lo de no comer cosas crudas hace tiempo que lo hacemos por si las moscas).

Digiriendo esa noticia (nuestra eco había ido bien) y las del exterior (el mismo día que fuimos a hacer la ecografía tuvo lugar el atentado terrorista en Barcelona, ocurrió mientras estábamos en la clínica), fuimos a casa y pasamos un fin de semana intentando estar tranquilos.

La semana siguiente Kroquetina tenía la opción de trabajar desde casa y así lo hizo. Yo también podía trabajar desde casa algunos días, y aunque el lunes 21 tenía que ir a la oficina, pude ir a casa por la tarde. Estuvimos los dos trabajando en casa tranquilamente, cada uno en su ordenador. Un poco antes de las 16h se me acercó Kroquetina con cara muy preocupada, diciéndome que estaba sangrando bastante. La abracé, temiéndome lo mismo que se estaba temiendo ella, y a continuación me vestí y salimos hacia urgencias de la clínica. En cuanto nos atendieron (desde luego no fue inmediato, uno pensaría que las “urgencias” significan otra cosa) hicieron una ecografía a Kroquetina, en la que se podía ver el embrión, con un tamaño de 4mm, y latido (no midieron la frecuencia cardíaca). Nos dijeron que se trataba de un caso de amenaza de aborto y que era necesario reposo absoluto durante una semana, y que poco más se podía hacer.

Fuimos a casa con una mezcla de nervios y alivio. Por un lado, nuestro embrión seguía ahí; por otro, el sangrado claramente no podía ser buena señal y ahora íbamos a estar mucho más angustiados de lo que ya estábamos. Internet nos terminó de iluminar con la estadística que el 50% de embarazos que son diagnosticados con amenaza de aborto siguen adelante (y 50% no siguen adelante).

El martes 22 de agosto fue un día tranquilo, pero el miércoles 23 volvimos a tener un susto. Kroquetina expulsó un tejido, que no sabemos qué era, pero que, según las mismas palabras de Kroquetina, tenía una textura parecida al hígado. Nos temimos lo peor. No fuimos a urgencias inmediatamente, sino que esperamos a la tarde. Pensábamos que lo habíamos perdido. Estuvimos dándole vueltas a la cabeza todo el día: qué pasaría ahora, qué significaba perder un embarazo con un embrión de DGP, que quizá habría algún problema más grave que aún no sabíamos y deberíamos casi volver a empezar desde el principio…

En urgencias el médico examinó a Kroquetina. Dijo que todo estaba bien, no había sangrado activo ni restos hemáticos, y volvió a hacer una ecografía. Esta vez si respiramos con un alivio enorme al volver a ver el embrión, se seguía oyendo latido (esta vez pudimos verlo con más precisión ya que el médico puso la visualización de colores de la ecografía Doppler). Nos dijo que todo estaba bien y que siguiéramos con el tratamiento prescrito hasta la siguiente ecografía.

Después de estos dos episodios los síntomas de Kroquetina volvieron a la normalidad, con abundancia de náuseas que aunque desagradables, a estas alturas casi son un síntoma bienvenido.

La siguiente ecografía la tenemos el martes 29 de agosto. Corresponderá a una gestación de 7+5 semanas. Aunque ahora estamos un poco más tranquilos, seguro que el día de la ecografía volveremos a pasar una angustia enorme. Tenemos todos nuestros deseos puestos en que todo siga bien.

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Infertilidad

Semana 6: es real

Acudimos a la clínica con una mezcla de emoción y nervios. Era la primera ecografía de control del embarazo (sí, embarazo, todavía parecía algo increíble) y no sabíamos qué nos íbamos a encontrar. Durante las dos semanas de espera se habían incrementado las náuseas de Padme, que se habían juntado con algunos dolores abdominales que en algunas ocasiones puntuales nos habían hecho ponernos en lo peor.

Nos llamaron a la sala donde iban a hacer la ecografía, pudimos entrar los dos. Mientras empezaban a mirar el interior de Padme mediante el ecógrafo, la doctora nos preguntó: ¿Cuántos os han puesto, uno o dos? La doctora sabía que veníamos de un tratamiento de reproducción asistida, cosa que tampoco era muy difícil de saber, porque en embarazos normales no es habitual hacerse ecografías tan tempranas. Le contesté que en nuestro caso veníamos de inseminación artificial, no de FIV, con un cierto orgullo que el tratamiento hubiese funcionado.

Ahí estaba. Se podía ver el diminuto saco gestacional y la vesícula vitelina. La doctora nos hizo notar como se movía. ¡Se movía! Todavía me sigue pareciendo asombroso. Estuvo observando y midiendo bien el embrión, y posteriormente hizo una ecografía Doppler para detectar el latido del embrión. Esa percusión a 117 latidos por minuto es uno de los sonidos más emocionantes que voy a recordar.

En el informe se podía leer: Gestación única de 6 semanas, de evolución normal. Nada podía ser más tranquilizador que esas palabras.

Estaba ahí, nuestro garbancito, lo habíamos visto por primera vez, y estaba haciéndose su pequeño camino hacia la vida.