Infertilidad

Pruebas después del aborto

A principios de diciembre tuvimos una primera visita de control después del legrado con el obstetra que nos atendió cuando fuimos a hacer la ecografía de la semana 9 del embarazo.  Aunque todavía afectados por la pérdida, ese día estábamos ya más serenos como para poder hablar con el médico y hacerle preguntas. Nos volvió a explicar que es normal que ocurran abortos de forma espontánea, que ocurren con más frecuencia cuanto mayor es la edad de la mujer (36 años de Padme en aquel momento) y que lo más habitual es que sean alteraciones cromosómicas en el embrión las que lo hacen inviable.

Le insistimos al médico si, a pesar que todo esto es normal, y que estas cosas pasan, existía la posibilidad que nos hiciéramos algunas pruebas adicionales para asegurarnos que no había ningún otro problema. Después de todo, veníamos de hacer un tratamiento de reproducción asistida, y por lo tanto esto ya es una señal que no somos estadísticamente normales y desde luego, que hay algún problema que desconocemos (y por eso no conseguimos un embarazo de forma natural).

El médico nos respondió diciendo que no tenía mucho sentido hacer las pruebas, que este tipo de pruebas sólo se prescriben cuando hay una razón para hacerlas, es decir, abortos de repetición, lo que significa que uno tiene que haber pasado por dos o tres abortos antes de que le hagan una serie de pruebas para determinar si hay algún problema. Le contestamos diciendo si no tiene más sentido hacer las pruebas antes, y así, si se detecta algún problema, se puede actuar antes que tener que pasar por dos abortos más. Y nos volvió a insistir que de momento, por nuestra situación, no había motivo para hacer pruebas adicionales. Y que no estaba justificado el coste de hacer, por ejemplo, un estudio de trombofilias.

Aparentemente hay determinadas mutaciones que, en el caso de la mujer, afectan cómo se coagula la sangre, y esto puede resultar un problema para llevar a término un embarazo. En el caso de mujeres que sufren de estas mutaciones, se les proporciona heparina durante el embarazo para evitar que se hagan coágulos en la sangre que puedan afectar al feto (obviamente no está exento de riesgo porque hay que calcular muy bien la dosis de heparina). Estas mutaciones se pueden descubrir mediante un estudio de trombofilias.

Después de insistirle, el médico accedió a prescribir a Padme una serie de pruebas médicas, que incluían el estudio de trombofilias y también el cariotipo (que en realidad era innecesario porque era una prueba que ya nos habíamos hecho).

Una semana después, todavía en diciembre de 2016, teníamos otra visita, esta vez con los médicos de Reproducción Asistida. Eran conscientes de nuestra insistencia al obstetra respecto a la realización de pruebas para asegurarnos que no hubiera algún otro problema que hubiera provocado el aborto. Es por ese motivo que accedieron a prescribirnos algunas pruebas (a pesar que no era indicado) para tratar de determinar si existía alguna posible causa más probable del aborto.

El médico nos prescribió pruebas a Padme y a mí. Para Padme, un estudio de trombofilias y otras analíticas, que tenía que hacerse una vez le hubiera llegado la regla (todavía no lo había hecho después del legrado). También dijeron que era conveniente que se hiciera una histeroscopia correctiva, es decir, una cirugía para corregir el septo en el útero que ya le habían detectado en ecografías anteriores, y que, aunque no parecía la causa más probable del aborto, era un factor a tener en cuenta, y eliminarlo haría incrementar las probabilidades de poder llevar un embarazo a término. La histeroscopia es una operación que requiere ingreso hospitalario pero que se realiza de forma ambulatoria y la paciente puede recibir el alta el mismo día. Como paso previo a la operación Padme debía hacerse algunas pruebas analíticas, un electrocardiograma y una radiografía de tórax.

La prueba que me prescribió el médico se llama FISH en espermatozoides. Esta es una prueba de carácter genético, que permite detectar anomalías cromosómicas en los gametos. Para ello, se utiiizan unas sondas fluorescentes que se adhieren a determinados cromosomas, y que permite a los científicos identificar, para determinados cromosomas, si existen disomías (dos cromosomas del mismo tipo) o nulisomías (ninguno) cuando debería haber uno de cada (dado que son gametos). La muestra para la prueba se tenía que obtener de forma estandard, con nuestro amigo el bote de plástico, y los resultados tardarían unas 3 semanas.

La misma semana fui a entregar la muestra, pagué los cerca de 500 € que cuesta (obviamente nuestro seguro no lo cubre y sospecho que ninguno) y nos fuimos de vacaciones de Navidad, intentando desconectar y esperando que la regla hiciera su aparición. Volvíamos a ser pacientes de reproducción asistida.

Anuncios
Infertilidad

Pruebas previas a la IA

Después de la primera visita en Dexeus, por allá a abril de 2016, había todavía varias pruebas y pasos que debíamos seguir antes de empezar con los tratamientos en sí.

Para Padme había distintas pruebas a realizar:

  • Una analítica de sangre convencional
  • Un análisis de la hormona antimulleriana
  • Una ecografía detallada para el estudio del útero subsepto
  • Una histeroscopia también para el estudio del útero subsepto
  • Un cariotipo

Por mi parte, me indicaron:

  • Un cariotipo
  • Una visita al andrólogo

Las pruebas de Padme salieron bien en general. La analítica salió normal, la antimulleriana con un valor de 4,42 ng/mL, y el cariotipo sin alteraciones. En la ecografía midieron el septo del útero y determinaron que el tamaño eran 6 mm, y esto quedó confirmado con la histeroscopia diagnóstica, que no vio nada más a destacar.

Mi cariotipo también salió sin alteraciones, y en la visita al andrólogo me hizo una exploración física (que como os podéis imaginar no es nada agradable, pero creo que no nos podemos quejar, porque a las mujeres parece que tienen que quitarse las bragas en cada visita), que también estuvo bien, y me prescribió un complemento de maca (Kreaestim) y otro seminograma.

Mi seminograma junto con el de Vall d’Hebron estaban con valores de movilidad justos pero aceptables (astenozoospermia leve o incluso normozoospermia), aunque en uno de ellos la cantidad de espermatozoides vivos era bastante baja, y esto aparentemente se debió a un proceso febril que tuve durante las semanas previas a la realización del seminograma. En ningún otro seminograma me apareció esta alteración, así que realmente parece que la causa era la fiebre.

Con todos estos datos, el equipo de médicos en Dexeus nos dijo que éramos aptos para someternos a un tratamiento de IAC (Inseminación Artificial Conyugal), y así decidimos hacerlo. El tratamiento iba a empezar en mitad de julio de 2017, y con él crecían un poco nuestras esperanzas.