Infertilidad

No soy tu padre

Muchos recordamos con emoción uno de los momentos más épicos de la historia del cine, aquella secuencia de Star Wars en la que Darth Vader le dice a Luke Skywalker “No. Soy tu padre”. Y años después, resulta que por circunstancias de la vida a uno le entra el gusanillo de ser padre, y no por querer ser Darth Vader (aunque los sables láser molan bastante).

En el momento en que una pareja toma la decisión de tener hijos, está tomando una de las decisiones más importantes de su vida, asumiendo de antemano la responsabilidad que supone traer a alguien a este mundo, protegerle, educarle, hacer con él también un mundo mejor, y satisfaciendo como pareja y como individuos sus necesidades de sentirse realizados como personas. Al fin y al cabo, reproducirse es probablemente la misión más importante que todo ser vivo tiene en la vida.

E influenciado por todo lo que sabemos y vemos en la vida, en nuestro entorno, amigos, familiares,  en la televisión, uno piensa que las dificultades van a venir desde el momento en que ese hijo o hija estén en el mundo, que dichas dificultades consistirán en saber si seremos capaces de organizarnos, si sabremos cambiar un pañal, si sabremos hacer que nuestro Luke no vaya al lado oscuro.

Y la realidad es que no siempre es tan fácil, y que concebir y conseguir un embarazo puede llegar a ser muy difícil. La esterilidad (o infertilidad, como se suele llamar comunmente) afecta cada vez a más parejas, que, en el mejor de los casos, luchan desesperadamente por conseguir ese hijo que tanto anhelan. Y este es también nuestro caso. En este blog os contaré nuestra aventura para conseguir ser padres, con el objetivo que personas en una situación similar puedan sentirse identificadas, sepan que no están solas, y tengan algo que leer durante las largas esperas (que van a ser unas cuantas).

Por último: soy un hombre. He leído multitud de foros, libros y blogs y casi todos están dirigidos a mujeres. Y eso me parece muy bien y de hecho normal, porque ellas son las que menstrúan, ovulan, se embarazan y tienen que sufrir el dolor de querer ser madres y no conseguirlo. Pero como hombre también se sufre el dolor emocional, la angustia, la incertidumbre, el deseo de querer “arreglar algo” que no podemos arreglar, y todo eso viene culminado con lo que la sociedad nos ha inculcado de pequeños que espera de nosotros: que no lloremos, que no mostremos emociones, y que arreglemos cosas rotas. Así que he decidido contar, desde la perspectiva de un hombre, el camino a la (esperemos) paternidad.

De momento, Luke, no soy tu padre.

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