embarazo, Infertilidad

Semana 29

Vuelvo a escribir después de una larga pausa. ¡Estamos de 29 semanas! Me parece increíble lo rápido que ha pasado el tiempo.

Qué lejos quedan las vacaciones de septiembre. A la vuelta hicimos la ecografía de la semana 13 en la que todo estuvo bien y nos dieron los resultados del triple screening. Salió un riesgo bajo tanto para trisomía 21 (1/1201) como para trisomía 18-13 (1/50000). En la Seguridad Social salieron valores parecidos (de hecho un riesgo un poco más bajo porque la translucencia nucal era un poco inferior; imagino que tiene que ver con cómo se hacen las mediciones mediante ecografía)

Los resultados del triple screening no recomendaban hacer una prueba invasiva, pero sí quisimos hacer el test no invasivo para tener más seguridad. Mi preocupación entonces fue que si en este test no invasivo salía algún valor de riesgo, entonces quizá terminaríamos haciendo una prueba invasiva, exponiéndonos quizá a un riesgo innecesario.

No fue así. Los resultados del test no invasivo indicaban un riesgo bajo para las anomalías analizadas. En este caso se trataba del test panorama, que comprueba las trisomías 21, 18, 13, monosomía X, triploidía, y las microdeleciones 22q11.2, 1p36, y síndromes de Angelan, Cri-du-chat y Prader-Willi.

En el mismo período de tiempo, pudimos obtener información del laboratorio que hizo el DGP acerca del sexo del feto, y los datos coincidían con el análisis no invasivo: ¡es una niña!

Posteriormente tuvimos las ecografías morfológicas, por la Seguridad Social y por privado, en las semanas 20 y 21 de embarazo respectivamente. En ambas vieron todo normal, cosa que nos causó un cierto alivio, aunque en la Seguridad Social detectaron una ectasia piélica leve (la pelvis renal está un poco aumentada de tamaño), que según nos indicaron es algo normal y que se suele ir solo, y que lo controlan porque, en caso que no se vaya solo, al nacer le administrarían antibióticos para evitar el reflujo de orina con las consiguientes infecciones que esto podría suponer. Ya tenemos la nueva paranoia servida.

Dado que encontraron esta pequeña anomalía, nos dieron hora para otra ecografía en la Seguridad Social en la semana 26, que normalmente no se hace, y en dicha ecografía volvieron a detectar la ectasia piélica, aunque nos volvieron a decir que no debíamos preocuparnos por este tema.

Posteriormente administraron distintas inyecciones a Kroquetina, incluyendo la anti-D (ella tiene Rh negativo), y las vacunas para la gripe y la tosferina. En la analítica de segundo trimestre de la Seguridad Social (que incluye otro test de O’Sullivan) el valor salió un poco alterado, por lo que Kroquetina tuvo que hacerse la curva de glucosa latga (TTOG), que salió bien.

El día de Navidad tuvimos un poco de susto después que Kroquetina notase la barriga dura. Después de ir a urgencias y estar más de una hora con el monitor (las famosas “correas”), detectaron que tenía un poco de irritabilidad uterina y le recomendaron reposo relativo. Se ve que con el esfuerzo se producen contracciones que hasta cierto punto son normales, pero si persisten mucho tiempo hay que ir a urgencias.

En todo este tiempo, se han empezado a notar pataditas de la pequeña. Primero tan suaves que Kroquetina tenía dudas si realmente eran sus movimientos. Posteriormente han ido creciendo en intensidad, ahora son ocasionalmente patadones que hasta asustan a Kroquetina.

Ya hemos empezado algunos preparativos para su llegada. Hemos comprado muebles para su habitación (son de los que vienen sin montar, así que queda montarlos), una minicuna, bañera y sillita para el coche. También tenemos ropa, bodies, peleles, pijamas. La presencia de todas estas cosas en casa me hace muy feliz, es una materialización de lo que está por llegar, un momento al que nunca pensaba que llegaríamos. Sobra decir que comprar el primer body da mucho respeto. Hemos sido bastante precavidos con no “sobre-emocionarnos” con el embarazo sabiendo que puede ir mal… Por otro lado, hemos superado una de las barreras importantes (la eco morfológica), el tiempo va pasando, y hay que hacerse a la idea que el momento se acerca y por eso hay que prepararse.

Semana 29. Nos quedan 11 semanas, que se dice pronto, pero en realidad es ahora cuando nos empezamos a dar cuenta que es bastante poco. La esperamos con muchas ganas y con mucho amor 😍

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La primera eco y dos visitas a urgencias

Después de la beta positiva y la angustia por el valor inicial bajo, que finalmente se multiplicó correctamente, teníamos la primera ecografía de control el jueves 17 de agosto. Correspondía a la semana 6+0 de gestación y hay que decir que íbamos con miedo por si estaría todo bien, o por si se trataría de un caso de huevo huero, dado que Kroquetina no estaba experimentando entonces muchos síntomas de embarazo y la angustia dominaba (y aún domina) nuestras mentes.

Se ve que durante el mes de agosto los médicos de nuestra clínica que trabajan son los más jóvenes, los más mayores (con más experiencia) supongo que se aprovechan un poco y cogen agosto entero de vacaciones. La médica que hacía la ecografía era bastante joven. Después de examinar las imágenes del ecógrafo, nos dijo que se veía un embrión de 3 mm y la vesícula vitelina. Se podía oir el latido, con una frecuencia de 93 lpm. Esto preocupó a la médica, que llamó a otra doctora para que entrase en la sala y lo revisase. Me helé por dentro. Era la misma doctora que nos había hecho la eco de la semana 9 en en el embarazo anterior, así que la imagen de esta mujer me evoca inevitablemente el dolor y la pena de ese momento (aunque soy consciente que ella no tiene ninguna culpa, lógicamente).

La segunda doctora volvió a medir la frecuencia cardíaca del embrión (FCF) y le salió 94 lpm. Dijo que estaba bien, que estábamos muy al principio y que luego iría aumentando. Está todo bien, enhorabuena, nos felicitó. Pero la paranoia infértil es así, que incluso cuando la doctora te está diciendo que está todo bien, no sabes si lo puedes celebrar… si está bien ahora, pero quizá dentro de cinco minutos no estará bien.

Reconozco que me fui a casa preocupado por el ritmo cardíaco que detectaron al embrión ya que aparentemente por debajo de 100 lpm empeora el pronóstico. No obstante, también es cierto que, como dijo la doctora, estábamos muy al principio, y hay casos en los que en una ecografía de 6+0 no se llega a detectar latido, así que dentro de lo que cabe parecía que todo podía estar bien.

Posteriormente a la ecografía tuvimos una visita con un médico de reproducción asistida. No era nuestro médico de siempre, que se encontraba de vacaciones. Nos dijo que estaba todo muy bien, que por la fase en la que nos encontrábamos estaba todo correcto, y que lo que deberíamos hacer era programar otra ecografía para dentro de dos semanas. Nos dio algunos consejos sobre la vida a llevar a partir de ahora, no comer cosas crudas, no beber alcohol ni fumar (no bebemos alcohol ni fumamos normalmente, y lo de no comer cosas crudas hace tiempo que lo hacemos por si las moscas).

Digiriendo esa noticia (nuestra eco había ido bien) y las del exterior (el mismo día que fuimos a hacer la ecografía tuvo lugar el atentado terrorista en Barcelona, ocurrió mientras estábamos en la clínica), fuimos a casa y pasamos un fin de semana intentando estar tranquilos.

La semana siguiente Kroquetina tenía la opción de trabajar desde casa y así lo hizo. Yo también podía trabajar desde casa algunos días, y aunque el lunes 21 tenía que ir a la oficina, pude ir a casa por la tarde. Estuvimos los dos trabajando en casa tranquilamente, cada uno en su ordenador. Un poco antes de las 16h se me acercó Kroquetina con cara muy preocupada, diciéndome que estaba sangrando bastante. La abracé, temiéndome lo mismo que se estaba temiendo ella, y a continuación me vestí y salimos hacia urgencias de la clínica. En cuanto nos atendieron (desde luego no fue inmediato, uno pensaría que las “urgencias” significan otra cosa) hicieron una ecografía a Kroquetina, en la que se podía ver el embrión, con un tamaño de 4mm, y latido (no midieron la frecuencia cardíaca). Nos dijeron que se trataba de un caso de amenaza de aborto y que era necesario reposo absoluto durante una semana, y que poco más se podía hacer.

Fuimos a casa con una mezcla de nervios y alivio. Por un lado, nuestro embrión seguía ahí; por otro, el sangrado claramente no podía ser buena señal y ahora íbamos a estar mucho más angustiados de lo que ya estábamos. Internet nos terminó de iluminar con la estadística que el 50% de embarazos que son diagnosticados con amenaza de aborto siguen adelante (y 50% no siguen adelante).

El martes 22 de agosto fue un día tranquilo, pero el miércoles 23 volvimos a tener un susto. Kroquetina expulsó un tejido, que no sabemos qué era, pero que, según las mismas palabras de Kroquetina, tenía una textura parecida al hígado. Nos temimos lo peor. No fuimos a urgencias inmediatamente, sino que esperamos a la tarde. Pensábamos que lo habíamos perdido. Estuvimos dándole vueltas a la cabeza todo el día: qué pasaría ahora, qué significaba perder un embarazo con un embrión de DGP, que quizá habría algún problema más grave que aún no sabíamos y deberíamos casi volver a empezar desde el principio…

En urgencias el médico examinó a Kroquetina. Dijo que todo estaba bien, no había sangrado activo ni restos hemáticos, y volvió a hacer una ecografía. Esta vez si respiramos con un alivio enorme al volver a ver el embrión, se seguía oyendo latido (esta vez pudimos verlo con más precisión ya que el médico puso la visualización de colores de la ecografía Doppler). Nos dijo que todo estaba bien y que siguiéramos con el tratamiento prescrito hasta la siguiente ecografía.

Después de estos dos episodios los síntomas de Kroquetina volvieron a la normalidad, con abundancia de náuseas que aunque desagradables, a estas alturas casi son un síntoma bienvenido.

La siguiente ecografía la tenemos el martes 29 de agosto. Corresponderá a una gestación de 7+5 semanas. Aunque ahora estamos un poco más tranquilos, seguro que el día de la ecografía volveremos a pasar una angustia enorme. Tenemos todos nuestros deseos puestos en que todo siga bien.

Infertilidad

Semana 9: no hay latido

Después de la alegría de haber visto a nuestro garbancito por primera vez el equipo de médicos nos indicó que debíamos volver a hacer un control ecográfico en la semana 9 para comprobar la evolución del embarazo. La ecografía ya sería con el equipo de ginecología que atiende a embarazos convencionales, tanto si son consecuencia de tratamientos de reproducción asistida como si no lo son.

Volvían a ser dos semanas de espera, pero esta vez más dulce que en los casos anteriores. Quizá esta vez lo habíamos conseguido, habíamos pasado por todo lo malo que nos tenía que pasar, y ahora tendríamos un embarazo plácido como el resto de parejas.

Nos tomamos nuestro tiempo para leer los libros que habíamos comprado hacía tan poco, aprender un poco más sobre lo que venía a continuación, qué esperar en cada momento, las pruebas que deberíamos hacer, la alimentación más adecuada para una embarazada y otros tantos temas que nos resultaban poco familiares. Puede que más adelante, en otro post, escribiré un pequeño análisis de alguno de estos libros.

Aunque sabíamos que aún era muy temprano, que aún podía ir todo mal, que la mayoría de embarazos que se interrumpen lo hacen en la semana 12 o antes, estábamos positivos. A pesar de todo, la mayoría de embarazos iban bien; al menos esto decían los datos y esto parecíamos inferir de los casos de embarazos de amigos que se daban a nuestro alrededor. Después de todo, quizá solamente habíamos tenido problemas para concebir de forma natural, pero la situación no era tan grave; sólo con dos IAs habíamos conseguido el embarazo cuando habíamos leído de parejas con problemas mucho más graves. No nos podemos quejar, habíamos pensado más de una vez.

Coqueteábamos con la idea de tener un retoño en casa. De forma muy inocente, sabiendo que no era el momento, nos habíamos paseado por alguna tienda viendo un poco más de cerca cunas y cochecitos, no tanto con la intención de comprarlas, que realmente habría sido una decisión absurda y precipitada, sino con la intención de reafirmar mentalmente ese nuevo estado, de poco a poco ir asentando el concepto en nuestras cabezas, ir asimilando que esto iba a suponer un cambio en nuestras vidas, probablemente uno de los cambios más grandes que se pueden experimentar.

Durante estas dos semanas hubo alguna situación que nos hizo bajar de las nubes y tocar de pies a tierra a causa de un fuerte dolor abdominal de Padme, que se temió lo peor, aunque no tuvo ningún sangrado y el dolor terminó desapareciendo.

Salvando esta situación, estuvimos haciendo vida normal, y nadie habría dicho que estábamos embarazados salvo por detalles como que Padme dejó de tomar café y evitaba el jamón y comidas crudas para evitar un inoportuno contagio con Toxoplasmosis.

Cuando llegó el día de la ecografía de control de la semana 9, algo era distinto, y es que nos tuvimos que esperar en una sala de espera que no era la de siempre. Padme lo notó y me hizo el comentario que, efectivamente, nos habían dado el alta de reproducción asistida y pasábamos a estar en el área de ginecología convencional, con gente que ni tan siquiera se había planteado que se podía llegar a eyacular tantas veces en un bote de plástico.

Estábamos inquietos por saber si todo estaba yendo bien, un poco preocupados incluso; sabíamos que todo podía ir mal, pero creo que incluso sabiendo que todo puede ir mal, una nunca se espera determinadas malas noticias.

Cuando empezamos a ver las imágenes en el ecógrafo, se podía apreciar una forma de feto mucho más reconocible, más grande que el embrión que habíamos visto en la semana 6. Claramente se distinguía la cabeza y el resto del cuerpo, y podían intuirse unas minúsculas extremidades, piernas y brazos, recogidos sobre el mismo cuerpo del feto.

Después de ver las imágenes durante unos segundos, intuí que algo no iba bien; Padme no tuvo esa sensación porque estaba absorta contemplando las imágenes de aquella criatura que llevaba dentro.

Poco después la doctora pronunció una frase que, con entonación incluída, voy a recordar toda la vida: No va bien. El embarazo no va bien. Padme se puso la mano en la cabeza intentando superar ese shock, como intentando determinar si esos sonidos que le habían llegado realmente querían decir lo que le había parecido entender, si la situación era real o se trataba de una especie de sueño. Yo me helé por dentro, mientras la doctora continuaba: no hay latido. Efectivamente, la imagen del ecógrafo era estática, inmóvil, inerte. Estaba ahí, pero no estaba con nosotros. Posteriormente se hizo un silencio que pareció cuasi eterno, el mismo silencio que debía haber en el interior de Padme en ese momento; agravando la situación, se podían oir atenuados los latidos de otros ecógrafos de salas colindantes. Ellos probablemente estarían sonriendo de oreja a oreja mientras se acercaba cada vez más el momento en el que podrían tener en sus brazos a sus pequeños. Mientrastanto la desolación nos había dejado atónitos, carentes de palabras y de movimientos.

La doctora nos indicó que debíamos visitarnos con un ginecólogo con la finalidad de programar un legrado.

La espera para que nos atendiera el doctor, aunque tal vez fueran sólo unos minutos, se hizo tan larga como las dos semanas que nos habían llevado hasta ese instante. Nos indicó que efectivamente lo más conveniente era hacer un legrado de urgencia, que se programó para la misma tarde.

El legrado es una operación que requiere ingreso hospitalario, aunque sea solamente para unas horas. Padme tuvo que estar en ayunas hasta el momento de la operación; nos hicieron esperar en una sala y posteriormente se la llevaron. Me entregó sus pendientes y alianza de casada, y no sé cuánto tiempo estuve dando vueltas por esa sala, viendo una vez y otra cada una de las paredes, mientras mi cabeza estaba lejos, muy lejos de esa habitación. Puede que solamente fuera una hora, pero se me hizo larguísima. Cuando volvieron a traer a Padme, aún medio dormida por los efectos de la anestesia, estuve a su lado agradecido porque no hubiera habido ninguna complicación, y aún aturdido por la noticia, todavía sin ser del todo consciente que nuestro pequeño, ahora ya físicamente, no estaba ahí.

Cuando hablamos con el doctor ese día le preguntamos si tenía sentido hacernos algún tipo de pruebas que nos permitiesen saber más acerca de la causa de ese embarazo interrumpido, con la clara finalidad de poderlas circumvenir cuando fuéramos a buscar otro. El doctor nos insistió en que no tenía sentido, que según que tipo de pruebas, como el estudio de trombofilias, sólo se hacen cuando hay un precedente de abortos de repetición, y ese no era nuestro caso. Nos contó que la mayoría de abortos tienen una causa de origen cromosómico, y que probablemente habíamos tenido mala suerte, dado que esto ocurre en un cierto porcentaje de embarazos, porcentaje que aumenta en función de la edad de la mujer. Sin embargo no logró convencernos y más adelante, en la visita nuevamente con los doctores de reproducción asistida, volveríamos a insistir sobre nuestra voluntad de hacernos más pruebas.

Ahora restaba hacer vida normal, esperando de nuevo la aparición de la regla, y con ella, la vuelta a empezar. Y, lo más duro de todo, asumir de nuevo la nueva situación, sobrellevar el profundo dolor de haber perdido al que iba a ser nuestro hijo, por pequeño que fuera, y conseguir fuerzas para seguir luchando.

Infertilidad

Semana 6: es real

Acudimos a la clínica con una mezcla de emoción y nervios. Era la primera ecografía de control del embarazo (sí, embarazo, todavía parecía algo increíble) y no sabíamos qué nos íbamos a encontrar. Durante las dos semanas de espera se habían incrementado las náuseas de Padme, que se habían juntado con algunos dolores abdominales que en algunas ocasiones puntuales nos habían hecho ponernos en lo peor.

Nos llamaron a la sala donde iban a hacer la ecografía, pudimos entrar los dos. Mientras empezaban a mirar el interior de Padme mediante el ecógrafo, la doctora nos preguntó: ¿Cuántos os han puesto, uno o dos? La doctora sabía que veníamos de un tratamiento de reproducción asistida, cosa que tampoco era muy difícil de saber, porque en embarazos normales no es habitual hacerse ecografías tan tempranas. Le contesté que en nuestro caso veníamos de inseminación artificial, no de FIV, con un cierto orgullo que el tratamiento hubiese funcionado.

Ahí estaba. Se podía ver el diminuto saco gestacional y la vesícula vitelina. La doctora nos hizo notar como se movía. ¡Se movía! Todavía me sigue pareciendo asombroso. Estuvo observando y midiendo bien el embrión, y posteriormente hizo una ecografía Doppler para detectar el latido del embrión. Esa percusión a 117 latidos por minuto es uno de los sonidos más emocionantes que voy a recordar.

En el informe se podía leer: Gestación única de 6 semanas, de evolución normal. Nada podía ser más tranquilizador que esas palabras.

Estaba ahí, nuestro garbancito, lo habíamos visto por primera vez, y estaba haciéndose su pequeño camino hacia la vida.