embarazo

Semana 41

Vuelvo a escribir después de otra gran pausa. Han pasado 11 semanas, nos encontramos a punto de empezar la semana 41 de embarazo y hemos superado ya la fecha prevista de parto que teníamos en todos los informes.

La niña, no obstante, parece que se encuentra muy cómoda todavía y no tiene muchas intenciones de salir. En este tiempo hemos tenido las ecografías del tercer trimestre en las que, para nuestra felicidad, todo estaba bien. En estas ecografías miden distintos parámetros para tratar de determinar el peso del bebé (en particular, el BPD, o diámetro biparietal, la HC (circumferencia craneal), la circumferencia torácica y la longitud del fémur. Si bien en la sanidad pública salían medidas normales (masa estimada de 2555 g para 35+3 semanas de gestación), en la sanidad privada determinaron un peso bastante grande (3321 g para 36+2 semanas de gestación, percentil 95), por lo que prescribiedon a Kroquetina hacer nuevamente una curva larga de glucosa para descartar que se tratase de diabetes gestacional. La curva salió bien. De hecho en una posterior ecografía en la semana 40+1 determinaron una masa de 3691 g, lo que sería un percentil 75 (es decir, la niña parece tirando a grande, pero no tanto como para preocuparse).

La ectasia piélica que habían detectado en controles anteriores sigue apareciendo en la última ecografía, pero el tamaño se mantiene estable, por lo que nos han dicho que a priori no debería ser motivo de preocupación, y es algo que controlarán una vez haya nacido.

Actualmente nos encontramos a la espera. Kroquetina ya ha pasado por diversas sesiones del monitor (las correas) en las que parece que la FCF es correcta, y el tocógrafo no detecta contracciones. Parece que si el parto no empieza de forma espontánea, lo inducirían antes del próximo lunes.

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embarazo, Infertilidad

Semana 29

Vuelvo a escribir después de una larga pausa. ¡Estamos de 29 semanas! Me parece increíble lo rápido que ha pasado el tiempo.

Qué lejos quedan las vacaciones de septiembre. A la vuelta hicimos la ecografía de la semana 13 en la que todo estuvo bien y nos dieron los resultados del triple screening. Salió un riesgo bajo tanto para trisomía 21 (1/1201) como para trisomía 18-13 (1/50000). En la Seguridad Social salieron valores parecidos (de hecho un riesgo un poco más bajo porque la translucencia nucal era un poco inferior; imagino que tiene que ver con cómo se hacen las mediciones mediante ecografía)

Los resultados del triple screening no recomendaban hacer una prueba invasiva, pero sí quisimos hacer el test no invasivo para tener más seguridad. Mi preocupación entonces fue que si en este test no invasivo salía algún valor de riesgo, entonces quizá terminaríamos haciendo una prueba invasiva, exponiéndonos quizá a un riesgo innecesario.

No fue así. Los resultados del test no invasivo indicaban un riesgo bajo para las anomalías analizadas. En este caso se trataba del test panorama, que comprueba las trisomías 21, 18, 13, monosomía X, triploidía, y las microdeleciones 22q11.2, 1p36, y síndromes de Angelan, Cri-du-chat y Prader-Willi.

En el mismo período de tiempo, pudimos obtener información del laboratorio que hizo el DGP acerca del sexo del feto, y los datos coincidían con el análisis no invasivo: ¡es una niña!

Posteriormente tuvimos las ecografías morfológicas, por la Seguridad Social y por privado, en las semanas 20 y 21 de embarazo respectivamente. En ambas vieron todo normal, cosa que nos causó un cierto alivio, aunque en la Seguridad Social detectaron una ectasia piélica leve (la pelvis renal está un poco aumentada de tamaño), que según nos indicaron es algo normal y que se suele ir solo, y que lo controlan porque, en caso que no se vaya solo, al nacer le administrarían antibióticos para evitar el reflujo de orina con las consiguientes infecciones que esto podría suponer. Ya tenemos la nueva paranoia servida.

Dado que encontraron esta pequeña anomalía, nos dieron hora para otra ecografía en la Seguridad Social en la semana 26, que normalmente no se hace, y en dicha ecografía volvieron a detectar la ectasia piélica, aunque nos volvieron a decir que no debíamos preocuparnos por este tema.

Posteriormente administraron distintas inyecciones a Kroquetina, incluyendo la anti-D (ella tiene Rh negativo), y las vacunas para la gripe y la tosferina. En la analítica de segundo trimestre de la Seguridad Social (que incluye otro test de O’Sullivan) el valor salió un poco alterado, por lo que Kroquetina tuvo que hacerse la curva de glucosa latga (TTOG), que salió bien.

El día de Navidad tuvimos un poco de susto después que Kroquetina notase la barriga dura. Después de ir a urgencias y estar más de una hora con el monitor (las famosas “correas”), detectaron que tenía un poco de irritabilidad uterina y le recomendaron reposo relativo. Se ve que con el esfuerzo se producen contracciones que hasta cierto punto son normales, pero si persisten mucho tiempo hay que ir a urgencias.

En todo este tiempo, se han empezado a notar pataditas de la pequeña. Primero tan suaves que Kroquetina tenía dudas si realmente eran sus movimientos. Posteriormente han ido creciendo en intensidad, ahora son ocasionalmente patadones que hasta asustan a Kroquetina.

Ya hemos empezado algunos preparativos para su llegada. Hemos comprado muebles para su habitación (son de los que vienen sin montar, así que queda montarlos), una minicuna, bañera y sillita para el coche. También tenemos ropa, bodies, peleles, pijamas. La presencia de todas estas cosas en casa me hace muy feliz, es una materialización de lo que está por llegar, un momento al que nunca pensaba que llegaríamos. Sobra decir que comprar el primer body da mucho respeto. Hemos sido bastante precavidos con no “sobre-emocionarnos” con el embarazo sabiendo que puede ir mal… Por otro lado, hemos superado una de las barreras importantes (la eco morfológica), el tiempo va pasando, y hay que hacerse a la idea que el momento se acerca y por eso hay que prepararse.

Semana 29. Nos quedan 11 semanas, que se dice pronto, pero en realidad es ahora cuando nos empezamos a dar cuenta que es bastante poco. La esperamos con muchas ganas y con mucho amor 😍

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9+5: Hay latido

Me pregunto cómo deben ser las ecografías de las parejas que tienen embarazos normales, que no han pasado por la dureza de la infertilidad o la de perder un embarazo previo. Me imagino que se deben ver como eventos alegres, medio festivos, como oportunidades para poder tener una nueva imagen del futurible hijo.

Después de haber pasado por el embarazo y aborto anterior, por aquella ecografía en que la ilusión se nos rompió en mil pedazos cuando a pesar de ver la imagen de nuestro pequeño oímos aquellas palabras que nos decían que no había latido y no se podía hacer nada, sabíamos que ninguna otra ecografía iba a ser igual.

Afrontamos este nuevo embarazo con ilusión. Estamos contentos con los resultados del ciclo de FIV, con el hecho de haber conseguido ocho embriones sanos después del DGP y con el hecho que hubo implantación en el primer transfer, a pesar de los nervios iniciales por el valor bajo de la beta. Estamos contentos de haber visto latir el corazón de nuestro pequeño en las primeras ecografias, incluídas las de urgencias, y luego la de 7+5.

Pero era imposible no asistir a la ecografía de 9+5 con miedo, pánico, una intranquilidad enorme. Ese era nuestro némesis, la ecografía de la semana 9, era imposible evitar recordar lo que pasó en noviembre pasado.

Así que después de una noche de no dormir especialmente bien, asistimos a la clínica y esperamos en la sala de espera intentando distraer la mente, aunque eso era francamente difícil. Cuando nos llamaron, y mientras Kroquetina se preparaba antes que viniera la doctora, los nervios iban en aumento.

Tuvimos un enorme soplo de alivio cuando vimos las primeras imágenes en el ecógrafo. No solamente de veía el embrion, claramente más desarrollado que en las últimas ecografías, sino que se podía ver con claridad el movimiento correspondiente al latido cardíaco. La doctora lo midió con el ecógrafo Doppler y, efectivamente, había latido positivo a 173 lpm. El embrión medía 30 mm y, según la doctora, todo estaba bien.

Posteriormente hicieron una extracción de sangre a Kroquetina para el análisis correspondiente al cribado (triple screening) del primer trimestre, y fuimos a la visita con la ginecóloga, que nos confirmó que todo estaba bien y que la siguiente visita la deberíamos tener en 3 semanas (el 6 de octubre) para hacer la ecografía de la semana 12 (de hecho será el principio de la 13) y comprobar los resultados del cribado.

Dado que nos dieron un folleto que hablaba sobre la posibilidad de hacer un test genético prenatal no invasivo, decidimos pedir hora con la genetista para que nos explicase más detalles.

Fuimos a casa contentos, muy aliviados, y aunque con otros miedos por delante, parecía que habíamos superado este paso que para nosotros era tan importante.

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La primera eco y dos visitas a urgencias

Después de la beta positiva y la angustia por el valor inicial bajo, que finalmente se multiplicó correctamente, teníamos la primera ecografía de control el jueves 17 de agosto. Correspondía a la semana 6+0 de gestación y hay que decir que íbamos con miedo por si estaría todo bien, o por si se trataría de un caso de huevo huero, dado que Kroquetina no estaba experimentando entonces muchos síntomas de embarazo y la angustia dominaba (y aún domina) nuestras mentes.

Se ve que durante el mes de agosto los médicos de nuestra clínica que trabajan son los más jóvenes, los más mayores (con más experiencia) supongo que se aprovechan un poco y cogen agosto entero de vacaciones. La médica que hacía la ecografía era bastante joven. Después de examinar las imágenes del ecógrafo, nos dijo que se veía un embrión de 3 mm y la vesícula vitelina. Se podía oir el latido, con una frecuencia de 93 lpm. Esto preocupó a la médica, que llamó a otra doctora para que entrase en la sala y lo revisase. Me helé por dentro. Era la misma doctora que nos había hecho la eco de la semana 9 en en el embarazo anterior, así que la imagen de esta mujer me evoca inevitablemente el dolor y la pena de ese momento (aunque soy consciente que ella no tiene ninguna culpa, lógicamente).

La segunda doctora volvió a medir la frecuencia cardíaca del embrión (FCF) y le salió 94 lpm. Dijo que estaba bien, que estábamos muy al principio y que luego iría aumentando. Está todo bien, enhorabuena, nos felicitó. Pero la paranoia infértil es así, que incluso cuando la doctora te está diciendo que está todo bien, no sabes si lo puedes celebrar… si está bien ahora, pero quizá dentro de cinco minutos no estará bien.

Reconozco que me fui a casa preocupado por el ritmo cardíaco que detectaron al embrión ya que aparentemente por debajo de 100 lpm empeora el pronóstico. No obstante, también es cierto que, como dijo la doctora, estábamos muy al principio, y hay casos en los que en una ecografía de 6+0 no se llega a detectar latido, así que dentro de lo que cabe parecía que todo podía estar bien.

Posteriormente a la ecografía tuvimos una visita con un médico de reproducción asistida. No era nuestro médico de siempre, que se encontraba de vacaciones. Nos dijo que estaba todo muy bien, que por la fase en la que nos encontrábamos estaba todo correcto, y que lo que deberíamos hacer era programar otra ecografía para dentro de dos semanas. Nos dio algunos consejos sobre la vida a llevar a partir de ahora, no comer cosas crudas, no beber alcohol ni fumar (no bebemos alcohol ni fumamos normalmente, y lo de no comer cosas crudas hace tiempo que lo hacemos por si las moscas).

Digiriendo esa noticia (nuestra eco había ido bien) y las del exterior (el mismo día que fuimos a hacer la ecografía tuvo lugar el atentado terrorista en Barcelona, ocurrió mientras estábamos en la clínica), fuimos a casa y pasamos un fin de semana intentando estar tranquilos.

La semana siguiente Kroquetina tenía la opción de trabajar desde casa y así lo hizo. Yo también podía trabajar desde casa algunos días, y aunque el lunes 21 tenía que ir a la oficina, pude ir a casa por la tarde. Estuvimos los dos trabajando en casa tranquilamente, cada uno en su ordenador. Un poco antes de las 16h se me acercó Kroquetina con cara muy preocupada, diciéndome que estaba sangrando bastante. La abracé, temiéndome lo mismo que se estaba temiendo ella, y a continuación me vestí y salimos hacia urgencias de la clínica. En cuanto nos atendieron (desde luego no fue inmediato, uno pensaría que las “urgencias” significan otra cosa) hicieron una ecografía a Kroquetina, en la que se podía ver el embrión, con un tamaño de 4mm, y latido (no midieron la frecuencia cardíaca). Nos dijeron que se trataba de un caso de amenaza de aborto y que era necesario reposo absoluto durante una semana, y que poco más se podía hacer.

Fuimos a casa con una mezcla de nervios y alivio. Por un lado, nuestro embrión seguía ahí; por otro, el sangrado claramente no podía ser buena señal y ahora íbamos a estar mucho más angustiados de lo que ya estábamos. Internet nos terminó de iluminar con la estadística que el 50% de embarazos que son diagnosticados con amenaza de aborto siguen adelante (y 50% no siguen adelante).

El martes 22 de agosto fue un día tranquilo, pero el miércoles 23 volvimos a tener un susto. Kroquetina expulsó un tejido, que no sabemos qué era, pero que, según las mismas palabras de Kroquetina, tenía una textura parecida al hígado. Nos temimos lo peor. No fuimos a urgencias inmediatamente, sino que esperamos a la tarde. Pensábamos que lo habíamos perdido. Estuvimos dándole vueltas a la cabeza todo el día: qué pasaría ahora, qué significaba perder un embarazo con un embrión de DGP, que quizá habría algún problema más grave que aún no sabíamos y deberíamos casi volver a empezar desde el principio…

En urgencias el médico examinó a Kroquetina. Dijo que todo estaba bien, no había sangrado activo ni restos hemáticos, y volvió a hacer una ecografía. Esta vez si respiramos con un alivio enorme al volver a ver el embrión, se seguía oyendo latido (esta vez pudimos verlo con más precisión ya que el médico puso la visualización de colores de la ecografía Doppler). Nos dijo que todo estaba bien y que siguiéramos con el tratamiento prescrito hasta la siguiente ecografía.

Después de estos dos episodios los síntomas de Kroquetina volvieron a la normalidad, con abundancia de náuseas que aunque desagradables, a estas alturas casi son un síntoma bienvenido.

La siguiente ecografía la tenemos el martes 29 de agosto. Corresponderá a una gestación de 7+5 semanas. Aunque ahora estamos un poco más tranquilos, seguro que el día de la ecografía volveremos a pasar una angustia enorme. Tenemos todos nuestros deseos puestos en que todo siga bien.