Infertilidad

Transfer y betaespera: ¡positivo!

El lunes 24 de julio Padme (Kroquetina) fue a la clínica para que le hicieran una extracción de sangre para analizar los niveles de progesterona y estradiol. Por la tarde teníamos visita con el médico, que revisaría si todo estaba correcto para hacer el transfer el día siguiente.

En la visita, el médico hizo una ecografía a Kroquetina, en la que pudo observar que el endometrio tenía estructura trilaminar y un grosor de 8mm. Los niveles de progesterona y estradiol (9,95 y 94,4 respectivamente) eran también los correctos. Se podía proceder con el transfer.

Ese día entregamos un consentimiento informado, ya que sin él no pueden descongelar los embriones. Nos dieron un documento con las instrucciones para la  criotransferencia. Ahí indicaba que Kroquetina debía continuar tomando las pastillas de estradiol y progesterona, y que teníamos que estar en el hospital al día siguiente a les 15:30 para hacer el ingreso. También indicaba que Kroquetina debía evitar orinar a partir de una hora antes de la hora prevista para la transferencia, para que la vejiga facilite la entrada del catéter en el útero, así como unas instrucciones para después de la transferencia (lo de siempre, ritmo de vida tranquilo, nada de relaciones sexuales ni baños de inmersión). La beta la tendríamos que hacer el jueves 3 de agosto.

Fuimos a casa contentos por el hecho que todo estaba bien y por fin haríamos el transfer.

Al día siguiente los dos habíamos pedido día en el trabajo (con distintas excusas) y empezamos el día tranquilo y relajado, hasta que fuimos al hospital. Llegamos allí antes de la hora, hicimos los trámites del ingreso y nos hicieron esperar en una sala de la planta de FIV. Al cabo de un rato esperando nos llamaron  y pasamos a una pequeña consulta donde se encontraba nuestro médico, vestido para operar (con la correspondiente bata y gorro). Nos dijo que el embrión que descongelaron había sobrevivido a la descongelación y por lo tanto sólo hizo falta descongelar uno. La probabilidad que sobreviva a la descongelación es bastante alta (un 92% en nuestro centro), pero si no hubiera sido así, habrían descongelado el siguiente, para no perder la oportunidad del transfer. Nos alegramos mucho también de oir eso, eso significaba que seguíamos teniendo 7 embriones sanos vitrificados.

A continuación nos pasaron a otra sala (una especie de box) donde Kroquetina tuvo que desvestirse y ponerse una bata para entrar a la sala de transfers (es como un quirófano). Yo también podía entrar y también tenía que ponerme una bata, pantalones y gorro, todo para asegurar la máxima asepsia posible. Momentos más tarde una enfermera llevó a Kroquetina en silla de ruedas hasta la sala de transfer, y yo les seguí. En la sala de transfer, Kroquetina debía ponerse en posición ginecológica, y yo podía sentarme a su lado. Posteriormente entró el médico, le puso el espéculo a Kroquetina e iluminó la zona de trabajo con un reflector. La enfermera puso gel en la zona abdominal de Kroquetina y le empezó a hacer una ecografía abdominal. Mediante las imágenes del ecógrafo, el médico se guió para introducir el catéter en el útero, y llegado un punto, la enfermera midió la distancia entre el catéter y el fondo del útero mediante el ecógrafo (16 mm). El médico dijo “me quedo ahí”, y entonces entraron unas mujeres del laboratorio con una jeringa, que entregaron al médico.

“Pues aquí tenemos el embrión”. Fueron las palabras del médico mientras nos enseñaba una jeringa en la que se hallaba nuestro pequeño blastocisto, pero lógicamente no lo podíamos ver a vista desnuda. Qué impresión y qué responsabilidad, ahí estaba, por fin lo teníamos cerca; era, por decirlo de alguna forma, la primera vez que nos veíamos, ya que su concepción en realidad había ocurrido lejos de nosotros, en el laboratorio.

El médico conectó la jeringa al catéter e inyectó el contenido lentamente. En la pantalla pudimos ver una gota blanca brillante, que es el medio de cultivo en el que se encuentra el embrión. Lentamente el médico retiró el catéter y se lo llevaron para analizar bajo el microscopio (hay que hacerlo para asegurarse que el embrión no se ha quedado allí). Mientrastanto Kroquetina tenía que seguir en esa posición, con todo preparado por si el embrión se hubiera quedado en el catéter y había que repetir la transferencia. Pero no hizo falta, las mujeres volvieron a entrar en la sala diciendo que todo estaba bien. El embrión estaba dentro de Kroquetina.

Llegado ese momento le secaron el gel de la ecografía a Kroquetina y le quitaron el espéculo, pero debía permanecer tumbada unos 15 minutos. Posteriormente se la llevaron de nuevo en silla de ruedas a la sala/box donde habíamos estado esperando. La enfermera le dijo a Kroquetina que podía orinar, y que debía tumbarse 5 minutos más. Kroquetina no estaba muy convencida de lo de orinar, por si se perdía el embrión, pero finalmente lo hizo. Estuvo tumbada un rato más (al final fueron más de 10 minutos, pero nadie nos puso ningún problema), se vistió, y fuimos para casa. Ya se encontraba con nosotros, y estábamos oficialmente en betaespera.

Es curioso porque el proceso de betaespera es una especie de mito en el mundo de la infertilidad, y esta era nuestra primera vez, la primera vez que betaesperábamos. Aunque para ser justos, habíamos hecho 2 IAs y en las dos habíamos tenido que esperar para ver si el tratamiento había funcionado. Lo que pasa es que en esa ocasión el test era en orina y no en sangre.

La beta la teníamos en 9 días, y hay que reconocer que se hicieron un poco largos, pensando en si seguiría ahí, si se habría implantado, si habría funcionado. Kroquetina estaba bastante convencida que no habría funcionado porque no tenía síntomas como sí los había tenido en la IA en la que conseguimos el embarazo anterior.

El jueves 3 de agosto Kroquetina fue a la clínica para que le hicieran el análisis, y posteriormente debía llamarnos nuestro médico. Los resultados los pudimos consultar online antes, y fue como una jarra de agua fría. La beta era de 61 UI/L, por lo tanto era positiva, pero el valor era un poco bajo. Así lo confirmó el médico en la llamada posterior: consideran que es una beta buena a partir de 100 UI/L, y que hay un mal pronóstico si está por debajo de 50 UI/L. Entre 50 y 100 UI/L, no está claro qué puede pasar, y piden repetir el análisis al cabo de unos días (debería duplicarse el valor cada 2-3 días). Le dijeron a Kroquetina que debía hacérselo una semana después, el jueves 10 de agosto.

Nos preocupamos muchísimo con ese resultado. Íbamos muy mentalizados para que fuera negativo, y hasta con fuerzas de intentar otro transfer a continuación si este no había funcionado. Pero esto nos dejó aturdidos: es un sí pero no, un positivo pero no muy positivo. Ahora en lugar de estar celebrando el positivo, estábamos preocupados por si el embrión se había parado; por si se trataría de un embarazo bioquímico y cómo podía pasar eso, si habría que hacer más pruebas, y qué más podíamos hacer además de todo lo que ya habíamos hecho, incluyendo el DGP…

Kroquetina y yo decidimos que haríamos un análisis de beta por nuestra cuenta el lunes 7 de agosto para no pasar tantos días de sufrimiento. Fue toda una odisea conseguir el resultado de ese laboratorio. Kroquetina fue a un laboratorio que le cae de camino al trabajo, y donde ya habíamos hecho análisis anteriormente sin problema. No obstante, en esa dirección ahora hay otro laboratorio, que pertenece al hospital privado que hay en el mismo edificio. Kroquetina no se dio cuenta de este cambio, y de forma normal pidió hacer la analítica de beta-HCG. Después de un caos enorme le sacaron la sangre, pero nadie en ese laboratorio sabía cuándo estarían los resultados (¡nos llegaron a decir que tardarían una semana!). Después de discutir con ellos durante bastante tiempo por teléfono, y en varias llamadas durante el día, finalmente conseguimos que nos dieran los resultados el lunes por la noche. ¡La beta había subido a 444 UI/L! Dado que eran 4 días después de la beta del jueves, habría estado bien un valor por encima de 244 UI/L, y éste estaba bastante por encima. Nos dejó un poco más tranquilos porque al menos parecía que estaba evolucionando bien (ya nos habíamos convencido que no, de nuevo por la ausencia de síntomas de Kroquetina).

La beta oficial con nuestra clínica era el jueves 10 de agosto, y tuvimos los resultados muy rápido. ¡Había subido a 1852 UI/L! Parecía que estaba creciendo bien. Respiramos un poco más tranquilos. Habíamos hecho no una, sino tres betaesperas con este transfer, y tras pasar muy malos momentos al recibir el resultado de la primera beta, podíamos tranquilizarnos un poco al recibir la tercera.

Uno de los médicos del equipo llamó a Kroquetina (el nuestro está de vacaciones) y nos programaron la ecografía de control para la semana que viene, el jueves 17 de agosto. Así que ahora estamos en ecoespera, con una parte de ilusión y otra de nervios y miedo, deseando que todo esté bien.

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Planificación para el transfer

El pasado viernes 9 de junio tuvimos visita con el médico para planficar el ciclo del primer transfer. Dado que ya habíamos tenido la regla correspondiente, se podía empezar con el plan.

Tenemos unas instrucciones detalladas para el ciclo de criotransferencia con tratamiento sustitutivo, es decir, será transferencia un embrión que actualmente se encuentra vitrificado, con ciclo sustituído.

En este mismo ciclo también harán la histeroscopia diagnóstica a Padme para asegurarse que el útero está en buenas condiciones después de la operación para quitar el septo.

El viernes 23 de junio es la fecha prevista para la histeroscopia diagnóstica; ese mismo día le adminisrarán a Padme una inyección de Decapeptyl, que es un inhibidor de la ovulación.

Posteriormente, y antes del día 7 de julio, cabe esperar otra regla. A partir del día 7 de julio y hasta el día de la beta-HCG, deberá tomar estradiol por vía Oral, y desde el 20 de julio, progesterona (Utrogestan) por vía vaginal, también hasta el día de la beta-HCG.

El día 24 de julio tendremos una analítica en la que se comprobarán los niveles de estradiol y progesterona. Tendremos una visita con el médico ese día y, tras entregar otro consentimiento informado y si está todo correcto, se programará la desvitrificación de uno de los embriones.

Si todo va ben, la transferencia será el martes 25 de julio. Hasta entonces, estamos en fase de pretransferespera, con nervios, deseando que todo salga bien y que llegue el esperado día.

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Resultados del DGP

El viernes de la semana pasada tuvimos visita con el médico. La finalidad de la visita era comentar los resultados del ciclo de FIV y en particular sobre esos 11 embriones que llegaron a biopsiar y vitrificar.

La visita empezó con una ecografía a Padme para revisar que todo estaba en orden después de la punción. Según parece, todavía se veían indicios de la punción en forma de hematomas o coágulos, y el quiste sigue ahí, pero al médico no le preocupó demasiado y dijo que la situación se normalizaría con la llegada de la regla (que en el momento de la visita no había hecho su aparición). Tras preguntarle el médico, Padme respondió que la regla debería llegar sobre el domingo, dado que teníamos previsto ir a la playa (no sé si el médico captó la broma en ese momento).

Cuando entró el médico a la consulta, justo antes de la ecografía, llevaba un papel, y nos dijo que había buenas noticias y que teníamos 8 embriones. Me quedé a cuadros: ¿cómo que teníamos ocho embriones? ¡Si teníamos 11! Ya me empezó a pasar de todo por la cabeza, que había habido algún problema y por alguna razón se habían perdido 3. ¡Cómo podía pasar eso!

Unos segundos después lo entendí: ya estaban los resultados del DGP, y ¡teníamos 8 embriones sanos! Dado que nos habían dicho que el DGP tardaría unas dos semanas desde el momento de empezar el análisis, no esperábamos que el resultado estaría tan rápido. Fue completamente una sorpresa, y además una sorpresa muy positiva. De todo el proceso que hemos seguido hasta el momento, no teníamos ninguna evidencia de que éramos capaces de concebir embriones sanos. Esperábamos un número alrededor de los 4 en el mejor caso, aunque yo reconozco que me estaba intentando plantear para la situación en la que ninguno de los 11 estuviese sano, cosa que implicaría no solamente no poder aprovechar ese ciclo de FIV, sino que también probablemente nos tendríamos que plantear otras opciones.

¡Ocho sanos! En el papel que nos dio el médico estaba el informe del análisis. Ahí se especificaba la técnica utilizada. La biopsia es del trofectodermo (la parte del embrión que posteriormente será la placenta), y utilizan el sistema de amplificación de ADN de BlueGnome, según dice el papel “siguiendo el protocolo descrito por el fabricante”. Que la verdad, uno se lo imagina como las instrucciones de cualquier electrodoméstico: “Enhorabuena por la compra de su nuevo amplificador de DNA de BlueGnome. Por favor, lea detenidamente las instrucciones de uso antes de empezar a utilizarlo”.

El informe incluye una tabla con una fila para cada embrión biopsiado, en total once filas. Se puede observar como hay 3 embriones con diagnóstico anormal, y que están indicados como no transferibles. Uno de los embriones no sanos tenía trisomía del cromosoma 22, que en general es letal. Otro tenía trisomía del cromosoma 21, que sería el caso de Síndrome de Down. El tercer embrión no sano tenía triploidía, es decir, tres copias de cada cromosoma en lugar de 2, con un total de 69 cromosomas en lugar de 46, con XXY como cromosomas sexuales. Se trata también de una alteración no compatible con la vida.

El resto de embriones estaban marcados como sin alteraciones y transferibles, y el hecho de que fueran tantos nos suposo un respiro enorme de alivio y también una alegría muy grande.

Según el médico, esta situación nos pone en una muy buena perspectiva para conseguir un embarazo, incluso eventualmente un segundo (toquemos madera).

Nos contó cómo sería el ciclo para hacer el transfer. Existen dos posibilidades: hacer el tranfer en ciclo natural o en ciclo sustituído. En el caso de transferencia en ciclo natural, hay que ir monitorizando el ciclo menstrual para ver en qué momento se produce la ovulación, y cuánto crece el endometrio, para introducir el embrión en el útero en el momento apropiado. Esto tiene como ventaja que no hay que administrar hormonas, y como inconveniente, que requiere controles mucho más frecuentes, cada dos días, y que no es posible saber a priori la fecha en la que se producirá el transfer. En el caso de la transferencia en ciclo sustituído, se administran hormonas para parar la ovulación, y posteriormente para hacer crecer el grosor del endometrio. Como inconveniente está la administración de dichas hormonas; como ventaja, que no hay que hacer tantos controles y que se puede saber a priori la fecha del transfer. En principio, ambas opciones tienen la misma tasa de éxito.

En nuestro caso, además, había que programar la histeroscopia diagnóstica de Padme, que ya tenemos para el próximo viernes 23 de junio. De esta manera, haremos el transfer en ciclo sustituído y durante dicho ciclo, la histeroscopia diagnóstica.

En la siguiente visita con el médico, para el próximo día 9 de junio, tendremos más detalles acerca del ciclo de transfer.

Estamos contentos de haber tenido los resultados del análisis tan rápido y de disponer de tantos embriones sanos. Esto hace que no nos tengamos que plantear ahora mismo otro ciclo de estimulación, y que podamos empezar con la primera transfer.

Infertilidad

Resultados del primer ciclo de FIV

Después de la punción del domingo 21 de mayo, venía la fase de espera en la que deberíamos saber cuántos de los 24 ovocitos que extrajeron eran maduros y cuántos pudieron fecundar.

Desde el lunes 22 y hasta el domingo 28, Padme debía administrarse progesterona por vía vaginal, tres veces al día, lo que creo que ha tenido en ella un efecto más adverso que el de las hormonas durante la fase de estimulación. Esto le ha provocado muchos malestares, hinchazón, dolor de pecho y algún que otro mareo. Aunque nunca podré sentir lo que siente ella físicamente, creo que es importante que nunca perdamos de vista que los tratamientos de fertilidad son invasivos y el efecto de las hormonas es fuerte (sin duda, más fuerte en el caso de FIV que de una IA).

El mismo lunes 22 recibimos una llamada de la clínica con nueva información. De los 24 ovocitos que extrajeron, 20 eran maduros, y esos fueron los que inseminaron. De estos, fecundaron 13.

La noticia nos decepcionó un poco. Imaginábamos que no todos los ovocitos serían maduros, sobre todo porque durante las ecografías llegaron a ver 17 folículos, y pensábamos que de esos 24 que extrajeron, probablemente algunos serían pequeños; por tanto saber que había 20 ovocitos maduros era algo que no nos sorprendió especialmente. No obstante, que solamente 13 de 20 consiguieran fecundar nos preocupó. Posteriormente el médico nos aclaró que es algo esperado, y que es normal que fecunden entre un 60% y un 70% (en nuestro caso se trataba de un 65%). Nos dijo que el número estaba bien y que en esa fase no había motivo para preocuparse. Pero nos preocupamos. El miércoles nos tendrían que llamar informándonos cuántos habían llegado al día +3.

La espera de lunes, martes y parte del miércoles fue larguísima, como suele pasar con estos procesos de reproducción asistida. Esperábamos en una mezcla de intentar seguir con la vida del día a día, con la ilusión que quizá las cosas fuesen bien, y con el miedo que quizá fuesen muy mal. Los dos nos intentábamos preparar para lo peor, para cuando quizá nos llamaran para decirnos que no había sobrevivido ninguno, que todo el esfuerzo había sido en vano.

No obstante no fue así. El miércoles 24 recibimos la llamada de la bióloga para informarnos que los 13 embriones habían aguantado hasta el día +3, y que se estaban dividiendo muy bien y sin fragmentos de células sueltos. Encontramos esta página donde se explica en qué consiste la fragmentación celular y lo ilustra con fotografías; parece ser que en algunos casos hay fragmentos de células que se rompen y se separan de la parte nucleada de la célula; cuanta más fragmentación hay, más inviable es el embrión. Nos dijeron que ese mismo día harían el corte mediante láser en la zona pelúcida, que posteriormente serviría para poder extraer de los embriones las células para llevar a cabo la biopsia.

Ahora nos quedaba otra larga espera, hasta el domingo 28. Los embriones estarían a día +5 el viernes, y se supone que ese día empezarían a entrar en el estadio de blastocisto. Nos dijeron que a medida que fueran llegando a ese estadio los irían biopsiando, y por eso nos llamarían el domingo (día +7), ya que puede ser que algunos tarden más a llegar a ese estadio (adicionalmente no es posible cultivar embriones más allá del día +7 con garantías de éxito, y tampoco legal).

El médico nos había dicho que el resultado hasta el momento estaba muy bien, que era un buen número de embriones a +3, y que era de esperar que aproximadamente sobreviviesen el 50% a +5, que serían los que podrían biopsiar. Estuvimos haciendo números, ya que nos recomendaron hacer el DGP con como mínimo 4 blastos, pero si saliera esa cantidad de blastos o inferior (o ninguno), probablemente repetiríamos el ciclo de estimulación para acumular embriones. Con 6 o más ya estábamos dispuestos a llevar a cabo el análisis DGP, y con 5 teníamos dudas, aunque quizá nos inclinábamos más a repetir otro ciclo de estimulación.

De nuevo más días de espera pensando en si nuestros embriones serían capaces de llegar hasta el estadio de blastocisto, cuántos se perderían por el camino y cuántos podrían biopsiar finalmente.

La llamada de la bióloga llegó el domingo por la tarde. Nos dijeron que pudieron biopsiar 11 embriones, y que ya estaban vitrificados y las muestras biopsiadas congeladas. Padme temblaba de emoción mientras oía esas palabras por teléfono y los dos nos fundimos en un abrazo de aquellos que quieren decir muchas cosas. Casi no nos lo podíamos creer, la mayoría habían resistido hasta +5, y ese era un número de embriones biopsiados más que suficiente para llevar a cabo el análisis DGP y, al menos por el momento, no plantearse otro ciclo de estimulación.

El lunes tuvimos una llamada de nuestro médico confirmando que efectivamente se trataba de buenas noticias, e informándonos que podía dar la orden para hacer el análisis DGP, cosa que aceptamos. De esta manera ganamos un poco de tiempo ya que el resultado del análisis tardará dos semanas. En la siguiente visita de control con el médico, que tenemos el próximo viernes 2 de junio, comentaremos los resultados y podremos programar la histeroscopia diagnóstica de Padme, que tenía que hacerse 3 meses después de la histeroscopia correctiva.

Estamos contentos. Cuando empezamos el ciclo de estimulación y se empezaron a ver 7 folículos no esperábamos que llegaríamos a esta etapa con 11 blastos vitrificados (nuestros frosties) y que podríamos estar ya en disposición de hacer el análisis DGP. Lógicamente aún quedará saber los resultados y cuántos de estos embriones serán sanos, pero por el momento el resultado es favorable y nos da un poco de esperanza.